Bajas del avión después de una noche mal dormida, esperas las maletas, cruzas el vestíbulo y solo entonces te das cuenta de que Roma todavía no ha empezado. Entre el aeropuerto y el hotel hay un tramo que puede ser sencillo o convertirse en el momento más agotador del viaje. Todo depende de cómo elijas recorrerlo.
Fiumicino y Ciampino: dos aeropuertos, dos realidades
Roma tiene dos aeropuertos. Fiumicino, el más grande de Italia, está a unos 30 kilómetros del centro y concentra la gran mayoría de los pasajeros que llegan a Roma en avión. Ciampino, mucho más pequeño, atiende sobre todo a compañías de bajo coste.
Desde Fiumicino sale un tren expreso, sin paradas, hasta la estación Termini. Es rápido, frecuente y no cobra nada extra por el equipaje. Su punto débil es que Termini es la estación central de la ciudad, no tu hotel: desde allí todavía necesitas un taxi, el metro o una caminata arrastrando la maleta por aceras llenas de gente.
En Ciampino no hay estación de tren en la terminal, y el transporte público depende del autobús, a veces combinado con el tren. Funciona, pero con una maleta grande y el cansancio encima, cada transbordo pesa un poco más.
Taxi: tarifa fija, con una condición
Los taxis oficiales de Roma son blancos y llevan la palabra TAXI en el techo. Entre los dos aeropuertos y la zona dentro de las Murallas Aurelianas, la antigua muralla que rodea el centro histórico, el ayuntamiento de Roma fija una tarifa por trayecto, y no por pasajero, con los suplementos ya incluidos. El ayuntamiento revisa el importe de vez en cuando.
La condición es la dirección. Si tu hotel está fuera de las murallas, esa tarifa fija no se aplica y, en general, el precio lo marca el taxímetro. Y conviene usar siempre la fila oficial de taxis del aeropuerto, sin aceptar nunca la oferta de quien se te acerca en el vestíbulo.
Traslado privado: cuándo marca la diferencia
Los tres caminos llevan al mismo lugar. Lo que cambia es cuánta energía dejas por el trayecto. Con el traslado privado, el transporte ya está reservado antes de que aterrices: nada de buscar andenes, comprar billetes con el móvil sin batería ni explicar direcciones con prisa en otro idioma.
Tiene más sentido en tres situaciones:
- cuando llegas cansado, después de un vuelo largo o nocturno;
- cuando viajas con maletas grandes, con niños o con padres y abuelos;
- cuando vas en grupo, porque todos salen juntos del aeropuerto y bajan juntos en la puerta del hotel.
Es un detalle pequeño en el presupuesto del viaje y grande en el ánimo del primer día. Llegar descansado permite, esa misma tarde, salir a mirar Roma en lugar de dormir encima de ella.
Ver más de lo que se ve solo
Viaggio e Arte ofrece servicio de traslado, que puede contratarse por separado o venir ya incluido en algunas experiencias. Así, el primer tramo también queda a cargo de Viaggio e Arte, que después te acompaña en español por el arte y la historia de la ciudad, para que el viaje empiece en el aeropuerto y no solo en el hotel.