Quien piensa en los museos de Roma piensa en los Museos Vaticanos, en la Galería Borghese, quizá en los Capitolinos. Son visitas que valen cada minuto y, precisamente por eso, siempre están llenas. Pero la ciudad guarda obras de primer nivel en casas que la mayoría de los turistas ni siquiera busca. Tres de ellas, cada una en un registro distinto, bastan para desmontar la idea de que lo mejor de Roma siempre está al final de una cola.
Palazzo Altemps: la Antigüedad vista por los cardenales
A pocos pasos de la Piazza Navona, un palacio renacentista alberga una de las sedes del Museo Nazionale Romano. El corazón del acervo es la colección que el cardenal Ludovico Ludovisi reunió en la década de 1620: estatuas griegas y romanas elegidas para decorar una villa, no para llenar un almacén.
Allí está el Gálata que mata a su esposa y luego se quita la vida, copia romana de un bronce helenístico y una de las escenas más trágicas que dejó la escultura antigua. Y allí está el Ares Ludovisi, hallado en 1622 y completado por un Bernini todavía joven. Es la Antigüedad tal como la veían los cardenales: algo que se quería tener en casa. La experiencia Palazzo Altemps está pensada para mirar cada pieza de cerca.
Galleria Doria Pamphilj: un papa frente al pintor
En el corazón de Roma, una familia todavía conserva el palacio y la colección que fue reuniendo a lo largo de los siglos. Los cuadros cubren las paredes del suelo al techo, y entre ellos está el retrato del papa Inocencio X pintado por Velázquez hacia 1650.
Se cuenta que el papa, al verlo, habría dicho "troppo vero", demasiado verdadero. Los historiadores dudan de la frase, pero quien se detiene frente a ese rostro entiende por qué tuvo tanto éxito. Francis Bacon pintó decenas de variaciones del retrato y evitó ver el original. La experiencia Palazzo Doria Pamphilj te lleva hasta él, y el Nous cuenta la historia de dos lienzos de Caravaggio de la colección, pintados con la misma modelo, en Galería Doria Pamphilj y Caravaggio.
Villa Giulia: los etruscos antes de Roma
Antes de que Roma dominara Italia, eran los etruscos quienes marcaban el tono. El Museo Nazionale Etrusco ocupa desde 1889 la villa que el papa Julio III mandó construir en el siglo XVI, con logia y ninfeo.
La pieza símbolo del museo es el Sarcófago de los Esposos, procedente de Cerveteri y modelado en terracota en el siglo VI a.C.: una pareja recostada en un banquete, sonriente, con los gestos de quien conversa. Es una imagen de la muerte tan serena que desarma. En el mismo acervo, el Apolo de Veyes recuerda que este pueblo daba cuerpo a los dioses en barro con una fuerza que todavía impresiona. La experiencia Villa Giulia presenta a este pueblo a través del arte que dejó.
Ver más de lo que se ve solo
Ninguno de los tres pide prisa. Son museos donde puedes quedarte frente a una obra el tiempo que exige, y ahí es donde alguien a tu lado marca la diferencia: quién la encargó, qué decía ese rostro a quien lo vio primero, por qué esa pieza está justo ahí. Viaggio e Arte acompaña de 1 a 6 personas, en una experiencia privada en español.