Quien busca las basílicas papales de Roma suele encontrar listas de direcciones. Pero lo que distingue a estas cuatro iglesias no está en el mapa: está en dos elementos que solo se ven cuando se sabe buscarlos, y en obras que mucha gente atraviesa sin ver.
Qué hace papal a una basílica
Son cuatro: San Pedro del Vaticano, San Juan de Letrán, Santa María la Mayor y San Pablo Extramuros. Cada una tiene un altar papal, donde solo el Papa, o unos pocos sacerdotes, pueden celebrar la misa, y una Puerta Santa, que solo se abre, con un rito propio, durante un Año Santo.
La cátedra del Papa como obispo de Roma está en San Juan de Letrán. Por eso la catedral de Roma es Letrán, y no San Pedro, como mucha gente imagina.
Un detalle para mirar en cada una
San Pedro. Sobre el altar papal se alza el baldaquino de bronce dorado de Bernini, de casi 29 metros de altura, realizado entre 1624 y 1633 para el papa Urbano VIII. Mira las cuatro columnas salomónicas: en medio de la inmensidad de la basílica, marcan el punto bajo el cual la tradición sitúa la tumba de Pedro.
San Juan de Letrán. Aquí el altar papal también tiene una cubierta, pero de otra época: un ciborio gótico del siglo XIV, obra de Giovanni di Stefano. En lo alto, detrás de una reja dorada, bustos de plata guardan las reliquias que la tradición atribuye a las cabezas de San Pedro y San Pablo. Los bustos que ves son de comienzos del siglo XIX: los originales se fundieron a finales del siglo XVIII para pagar reparaciones de guerra a Francia.
Santa María la Mayor. Casi todo el mundo levanta la vista hacia el techo dorado renacentista, cuyo diseño se atribuye a Giuliano da Sangallo. Baja un poco la mirada: en las paredes de la nave central hay mosaicos con historias del Antiguo Testamento, de la época del papa Sixto III, en el siglo V. Están entre los mosaicos más antiguos de Roma y pasan inadvertidos justo debajo del oro.
San Pablo Extramuros. Sobre los arcos que dividen las naves corre una fila de medallones de mosaico con el retrato de cada papa desde San Pedro. La serie se rehízo después del incendio que destruyó la basílica antigua en 1823, y a comienzos de 2026 incorporó el retrato de León XIV. Recorrer con la mirada esta fila de casi dos mil años, hasta llegar a un rostro conocido, es un ejercicio que atrapa a cualquiera.
Ver más de lo que se ve solo
Estas iglesias piden tiempo y alguien que cuente lo que hay detrás de la piedra y el oro. El tour Basílicas Papales de Viaggio e Arte te lleva a tres de ellas, con traslado en coche y un guía a tu lado, en español, para que el detalle justo no se te escape. Si quieres llegar a San Pedro sabiendo qué buscar, el Nous tiene un artículo sobre qué ver en la Basílica de San Pedro.